Dilemas no tan alegres
Análisis político
La campaña electoral casi abúlica tuvo un pico ácido en estos días con el sorpresivo cruce verbal entre Horacio Cartes y el presidente Federico Franco, rompiendo los consejos de los marketineros electorales de ambos partidos que dictan para este tiempo reducir al mínimo las agresiones personales. Pero el petardeo verbal es una fascinación difícil de eludir en una campaña, especialmente en el Paraguay donde escasea el debate programático, a lo que se suma la carencia de candidatos carismáticos. Hasta Lino Oviedo dejó de ser folclórico e impredecible a fuerza de ser el mismo y lo mismo hace 15 años.
De todos los candidatos, hay uno que tiene la cuesta más difícil.
HORACIO CARTES. El candidato colorado no necesita demasiado esfuerzo, aparte del traqueteo de la campaña que lo obliga a recorrer el país, hacer discursos y liberar dinero a los operadores. Él ha llegado al partido en su momento más difícil, a rescatarlo de la llanura para lo cual la unidad es una obligación si quieren retornar al Palacio de López. Por ello las profundas diferencias en su entorno no aflorarán con fuerza sino en el poder si gana en abril. Ni siquiera está obligado a hablar de cambios ni mostrar rostros nuevos para convencer al electorado. Le basta con el discurso de la unidad porque la ANR es el único partido que puede llegar al poder sin aliados. Además, la coyuntura le beneficia: sus adversarios están divididos y como se sabe, la derrota en el 2008 fue porque se concretó una gran alianza entre liberales, izquierda, independientes y colorados enojados. Por tanto, Horacio Cartes no debe hacer demasiado esfuerzo a nivel externo.
LA IZQUIERDA. Contra todas las predicciones, escaso pragmatismo por la falta de renunciamientos políticos, los progresistas van divididos en esta elección. El Frente Guasu con Fernando Lugo como líder es el buque insignia de este sector con el médico Aníbal Carrillo como candidato presidencial, quien tiene el discurso más ideológico y duro de la izquierda. Lilian Soto es la alternativa socialista desde una mirada feminista. Ambas candidaturas están posicionadas claramente contra la "derecha conservadora y golpista". Y Mario Ferreiro, un candidato con un sesgo más ciudadano que socialista y menos cerrado a eventuales acuerdos con los ex aliados liberales, lo que le trae problemas con sus propulsores PMAS de Camilo Soares y el 20 de Abril de López Perito. La fortaleza de Ferreiro es que su figura trasciende a los movimientos y, por tanto, tiene más independencia para mover las piezas. De todos modos, ninguno de los candidatos apunta a la presidencia, son funcionales al proyecto parlamentario. El objetivo de la izquierda es el Congreso y posicionarse como tercera fuerza.
UNACE. Lino Oviedo es el único candidato que lanzó su campaña en un acto multitudinario. Y logró el efecto de impresionar y mostrar que sigue vivo y que pretende seguir siendo el árbitro de la política paraguaya como tercera fuerza en el Congreso. En Unace no hay casi nada nuevo, excepto que Oviedo sigue oviedizando aún más el ya excluyente partido. Su participación electoral conviene a los liberales ya que divide votos colorados.
PPQ. Miguel Carrizosa tiene la ciclópea tarea de mantener al partido en el Congreso. El rebrote de la izquierda como fuerza electoral pone en aprietos a Patria Querida que históricamente se ha abastecido de votos independientes.
PARAGUAY ALEGRE. A diferencia de los demás, Efraín Alegre es el candidato con mayores dilemas a la hora de plantear y plantar su candidatura. Es un candidato liberal muy liberal, pero no partidario. Apuesta a la alianza junto a Rafael Filizzola buscando instalar una campaña más allá del PLRA. Es el candidato del partido de gobierno, pero no quiere ser el candidato del gobierno. Por dos razones: esta administración llegó al poder por una vía traumática que generó una ruptura institucional. Esto generó un problema de imagen para un partido con historia de lucha contra la dictadura y les dejó sin discurso y pegado a la ANR como cómplice en este tema Por ello, la dupla posiciona como discurso el trabajo de ambos en los ministerios en la era Lugo y no como candidatos del gobierno liberal. La continuidad del proceso del 2008 como idea.
Además, Federico Franco es un aliado incómodo. Según algunos estudios, proyecta la imagen de un presidente que solo busca recaudar y favorecer a su familia. Como podrá notarse en la campaña, Alegre no menciona a Franco ni sus actos de gobierno como banderas de campaña. Además, Franco no mide sus pasos como su respuesta visceral a una sospecha lanzada por Cartes. Se calzó torpemente el sayo de "hijo coimero" que lanzó el colorado que ni quiera mencionó nombres. En el afán de defender a su familia, lo único que logró es que las críticas amplifiquen las sospechas sobre el rol cada vez más relevante de su hijo Freddy sin ser funcionario de gobierno.
La campaña Alegre solo espera que el Gobierno comunique sus buenas obras y mantenga la estabilidad para proteger el proceso electoral. Mientras tanto, cuanto más lejos el clan Franco mejor, dicen sus asesores.
¿Pero, podrá Efraín ser el candidato liberal del gobierno sin cargar con los errores del gobierno liberal? ¿Podrá Efraín recomponer una alianza tras la traumática ruptura de los aliados? ¿Podrá Efraín convencer de que es un demócrata después del juicio político? ¿Podrá ser Efraín un candidato de todos?
Menuda tarea para un candidato con demasiados dilemas, cuando los otros solo deben batallar la campaña con lemas simples como "soy colorado", "soy la izquierda", "soy feminista", "soy Oviedo", "soy Mario".
La ANR es el único partido que puede llegar al poder sin aliados. Además, la coyuntura actual le beneficia: sus adversarios están divididos.
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