NO HAY DOSIS PARA LA CRISIS COLORADA
Análisis Político
Domingo/24/FEBRERO/2008
A menos de dos meses de las elecciones presidenciales, Nicanor Duarte Frutos no logra aún la unidad dentro de su partido en torno a su candidata Blanca Ovelar.
Aún humea en el horizonte el rastro de la guerra interna que dejó demasiados heridos por el fantasma del fraude que rodeó la derrota de Luis Castiglioni.
Hasta el momento, el presidente solo pudo reclutar a dirigentes de segunda línea que decidieron alinearse en torno a la lista 1 a cambio de jugosos cargos en el Estado. Otros se alinearon, pero actúan con tan escasa convicción que no se oye su apoyo fervoroso hacia la candidata.
Entre los castiglionistas que ya decidieron pasarse a la lista 1, sin perder el sesgo disidente son Lilian Samaniego y Julio César Velázquez. Sin embargo, no aparecen aún públicamente al lado de la candidata oficialista, que -según una encuesta publicada hace días en otro medio de comunicación- está en tercer lugar detrás de Fernando Lugo y Lino Oviedo.
La tibia postura de estos dirigentes demuestra que las negociaciones no están cerradas totalmente. En carpas coloradas comentan que Lilian exige la jefatura de campaña, mientras que Velázquez anhela volver a Ministerio de Salud, además de solicitar la cabeza de aquellos dirigentes que lo abandonaron en pleno campo de batalla.
Pero más complicado aún es la caza de Castiglioni y los castiglionistas que se mantienen leales al líder de Vanguardia Colorada. Por ejemplo, Javier Zacarías Irún, el ex intendente de Ciudad del Este, que aplicó la más dolorosa derrota al oficialismo en Alto Paraná. Esta semana hubo cruce de informaciones con respecto al pase de Zacarías al oficialismo. Incluso en Palacio de Gobierno ya cantaron victoria ante el supuesto retorno de la ex dupla de Castiglioni. Pero el mismo se encargó de desinflar el globo y negó rotundamente la versión de su apoyo al oficialismo a cambio de la dirección de la poderosa Itaipú.
A medida que se acercan las elecciones, parece alejarse más la unidad en el Partido Colorado. Si no, ¿cómo se explica el incidente en San Lorenzo donde Castiglioni obligó al dueño de casa a echar de la reunión política al ministro de Industria, Juan Ramón Ibarra? Parece que el enojo del ex vicepresidente seguirá porque ya apunta hacia la presidencia de la Junta de Gobierno, cuyas autoridades se elegirán en el 2011.
ROJA FIEBRE AMARILLA. La campaña colorada sigue su curso sin demasiado brillo. Es que no se está cumpliendo la famosa fórmula del abrazo republicano.
El tiempo dirá si la postura del castiglionismo duro se debe a la resistencia de Nicanor a ceder puestos claves como Itaipú, Yacyretá y algunos ministerios, o es la consolidación de un movimiento nuevo que no se dejará encandilar por el oro del poder y que mantendrá su posición a pesar de las tentaciones.
La campaña de Blanca es casi fantasmal. Si la disidencia sigue endureciendo su postura, se complicará sus chances, más aún ahora que se ha iniciado la temporada de encuestas donde no es la estrella más fulgurante.
EL MAPA OPOSITOR. En la vereda de enfrente siguen su campaña sin demasiado impacto Fernando Lugo y Lino Oviedo.
En la Alianza tampoco el tren va sobre rieles. En el PLRA, Federico Franco no logra aún curar las heridas de las internas. Se nota la huelga de brazos caídos de Blas Llano y sus seguidores. Los liberales, a diferencia de los colorados, suelen ser más sangrientos a la hora de cobrarse deudas políticas.
La campaña de Lugo adolece de un problema muy grave: son demasiados los mensajes a raíz del abanico de partidos y movimientos que lo apoyan. No hay una frase que los una y los identifique porque cada sector apunta a instalarse en la opinión pública en la búsqueda de bancas en el Parlamento, lo que finalmente es un bumerán para el ex obispo que se diluye entre tanto internismo. Basta con mirar los boletines de votos y la cantidad de listas que allí figuran. Más que campaña electoral, lo que necesitan hacer es una campaña didáctica para que los electores no se equivoquen ante semejante menú político.
Mientras tanto, Oviedo no para de reunirse con sus electores pobres e ignorantes, como les gusta calificar a sus seguidores. Y aunque lance duras críticas contra el Gobierno, la sospecha de un pacto con Nicanor que posibilitó su salida de la cárcel pone en duda su rol opositor.
Más atrás se ubica Pedro Fadul, quien lanzó su campaña con el eslogan "¡Basta carajo!", en alusión al hartazgo ciudadano de la corrupción.
La fiebre amarilla es un temporal que golpea al Gobierno y los coletazos llegan a Blanca, que balbucea respuestas a la hora de justificar el descalabro de la salud pública. La oposición, contrariamente a la acusación colorada, fue benigna a la hora de criticar la ineficacia colorada.
Pero la literatura electoral cobrará más virulencia a medida que se acercan las elecciones. Más le vale a Nicanor que arregle su interna y rece porque no rebrote la peste bubónica.
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