Todo tiene su precio

Publicado por: César Páez González | Lunes 20 Febrero 2012 | 13:02Hs.

Al borde

Según parece, esta frase que les ha llegado a todos alguna vez puede aplicarse en estos tiempos materiales que corren.

Nos hemos preguntado, seguramente casi todos los mortales alguna vez, por cuánto me vendería yo si me ofrecieran cierta cantidad de dinero, ese que me hace falta y que hace rato no consigo.

Según la sabiduría popular, todos tenemos un precio y generalmente la prueba de que hemos cedido a esa tentación sale difundida en las secciones policiales de los diarios. Allí se encuentran las evidencias de lo que nombra el conocimiento transmitido de generación en generación en todas las naciones y las culturas diversas.

Hay gente que es capaz de matar por dinero y no son otros más que los sicarios. Hay algunos que, ostentando un poder como agente o juez, por ejemplo, venden su alma al diablo por un fajo de billetes.

Luego del escándalo del descubrimiento en la prensa, que es la que siempre tiene la culpa de descubrir los entuertos, todo se derrumba y, créanme, cuesta remontar el vuelo bueno otra vez.

La honestidad juntada por años, probada reiteradamente, el buen concepto que tenían de sus amigos se va al tacho en un abrir y cerrar de ojos.

Creo que los que cometen cualquier delito, de la naturaleza que fuere, no son capaces de cumplir con ese adagio, sentencia popular o lo que sea, que hay que pesar el tamaño del delito con el del castigo.

Si eres capaz de soportar años de cárcel, poner en peligro tu vida, la de tu familia, y el concepto ya definitivo que queda con saldo negativo en el prontuario de tu vida... bueno, hazlo. Pero negar el costo de esas faltas es el peso que les hace trastabillar a muchos.

Existe la impunidad, pero esa parte de la maquinaria que está funcionando mal aún no ha podido ser castigada. Esos son los casos más escandalosos cuando caen; si no, vean los ejemplos de quiebras de empresas fraudulentas, de funcionarios públicos corruptos que tras haber sido descubiertos deben renunciar a ese halo de honestidad que les caracterizaba. Aparecían de un modo, con mucho prestigio social, aparentemente sin nada que reprocharles.

De pronto, sin embargo, la opinión pública se entera de lo que verdaderamente escondían detrás de la apariencia de que todo funcionaba dentro de los cánones legales permitidos.

Todo tiene un precio, y la mejor forma de traicionarse a uno mismo es creer que puede ser el único vivo que puede superar todos los obstáculos de la ley.

De esos experimentados violadores de la ley, en el ramo que sea, las cárceles están llenas. Basta mirar quiénes están allí para corroborar esta afirmación. Y el indulto de la sociedad es algo que tarda en llegar, porque las deudas del pasado son algo que siempre te vienen a buscar y golpean en las puertas de tu presente.

 

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