Entre el ACTA y la biopiratería

Publicado por: Guido Rodríguez Alcalá | Domingo 19 Febrero 2012 | 15:02Hs.

Sobre esto y aquello

Mientras se archivaba la ley SOPA en Estados Unidos, la Unión Europea firmaba ACTA, hermana de la archivada, aunque con una diferencia: no se trata de una ley nacional, sino de un acuerdo internacional.

Un acuerdo bastante raro, porque no pasó por ningún Parlamento nacional.

Es más, los parlamentarios, los funcionarios elegidos por el voto popular, no tuvieron acceso al texto, que ahora se quiere hacer aceptar por los gobiernos nacionales, como una especie de acuerdo delivery.

Por supuesto, cuando uno recibe comida con el sistema delivery, es porque la ha pedido y elegido. Pero no se sabe bien qué clase de condimento le pudo poner a ACTA algún villano harto de ajos (como decía don Quijote).

Desde hace unos cuatro años, el texto se ha cocinado en el mayor secreto.

Los cocineros fueron empresarios de la moda, medios de comunicación y fármacos, que querían proteger su propiedad intelectual.

Ciertos destapes periodísticos nos hicieron saber ciertas disposiciones abusivas del texto: la confiscación de mercaderías en la aduana a pedido de las empresas; el encarcelamiento discrecional de infractores reales o supuestos; el cierre de páginas web.

Según dicen, el texto final no es tan malo como el inicial; con todo, un eurodiputado renunció al conocerlo.

La Unión Europea aprobó ACTA, y ahora falta que lo ratifiquen los gobiernos.

No lo han ratificado los de Alemania, Polonia, Holanda y Bulgaria.

Me parece muy positiva la negativa, porque dificulta que el Paraguay firme por presión o por desaprensión.

Lo que debiera preocuparnos es la privatización de la naturaleza, también llamada biopiratería.

La biopiratería es el uso de leyes de propiedad intelectual para obtener el control de recursos que se basan en conocimientos tradicionales.

Ya existen derechos de propiedad intelectual sobre el ka'a he'ê, sin que al frasquito le hayan puesto una tricolor.

Varios países americanos se han quejado de la práctica de ponerles un nombre y un envase a los productos americanos y venderlos como si fuera propiedad de las trasnacionales.

El affaire más sonado ha sido el de la privatización del árbol hindú llamado neem, cuyas propiedades químicas y medicinales se conocen desde hace siglos, y ya aparecen en los libros llamados Vedas.

En 1990, la multinacional W. H. Grace privatizó un fungicida hecho con aceite de neem, atribuyéndose un conocimiento milenario.

En 2001, después de un largo juicio, se le revocó la patente a W. H. Grace. El juicio pudo pagarse con el aporte de varias instituciones europeas. No siempre los afectados tienen el dinero suficiente para pleitear durante años, y este es el problema de la gente común frente a las empresas dispuestas a adueñarse de todo.

El maíz y el algodón se cultivaban en América antes de la llegada de los europeos.

Las multinacionales han creado el maíz y el algodón genéticamente modificados y se atribuyen los derechos de propiedad.

Como sus fabricantes, esas plantas invaden todo, incluyendo los cultivos normales; de seguirse así, terminarán el maíz y el algodón normales, y tendremos que pagarles royalties a las multinacionales.

La situación ya es bastante injusta, y no se la debe empeorar con un ACTA.

 

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