Los chanchos nuestros y los ajenos

Publicado por: Benjamín Fernández Bogado | Domingo 19 Febrero 2012 | 15:02Hs.

Sin vuelta de hoja

El conflicto de tierras en Ñacunday como toda confrontación humana ha sacado lo peor de sus protagonistas, la verdadera esencia constitutiva de su ser, y además, ha definido las percepciones que se tienen sobre lo malo y lo bueno, lo oportuno y lo desmedido, lo correcto y lo absurdo entre quienes siguen a uno y a otros en la lucha. Yoyito Franco acuñó la frase para el recuerdo, que los errores y actos de corrupción de Martin Burt eran secundarios porque finalmente "él era un chancho de nuestro propio chiquero". Ante tamaña afirmación el exintendente liberal se habrá querido hundir en lo más profundo porque la frase en vez de ayudarlo lo sepultaba aún más. En el tema de los carperos, su líder López no tuvo empacho en decir que sus correrías eran financiadas por la prostitución de las mujeres que lo acompañaban. Aquello molestó a unos cuantos -un poco tarde, pero hay que recordar: estamos en febrero-, que incluso lo denunciaron a la Fiscalía. Ahora fue Favero, cuyo nombre de pila, Tranquilo, no tiene nada que ver con su carácter y su comportamiento. Sus exabruptos son tan conocidos que hay muchos que no lo invitan a reuniones sociales por alguna metida de pata que pueda realizar. El naturalizado paraguayo de origen brasileño, quizás creyendo que lo que diga en São Paulo no nos enteraremos en Paraguay, soltó un sincericidio cruel equiparando a los carperos con las mujeres de los malandros (?), ¡a las que se las trata a palos! ¿Qué tienen que ver las mujeres de los bandidos con los actos cometidos por sus consortes para que merezcan palos...? Bueno, pero ese es otro tema.

La Junta Municipal de Asunción, que pareciera no tener mucho que hacer con una ciudad sucia, abandonada, con baches por doquier lo declaró persona non grata a alguien cuyas propiedades principales no están en la capital al tiempo de solicitar que le sea sacada la nacionalidad. Puede ser considerado un triunfo de la concejala Rodríguez, que tiene mucho tiempo para estas cosas que rinden electoralmente en su pequeño partido, pero que en realidad demuestran que a pesar de su juventud es alguien que hace política como los viejos que dice aborrecer. Los extremos no son buenos y las respuestas irracionales de un solo lado contra el otro demuestran falta de capacidad de ver el problema en una dimensión real que lleve a resolverlo y no a agravarlo.

Ambos, López y Favero, están equivocados y el desborde en sus palabras demuestra el más sórdido machismo que aviva en muchos, sean estos ricos o pobres, de izquierda o de derecha. El hecho sería noticia y valdría la pena para nuestro aprendizaje cívico si la concejala Rodríguez condenara a López y los de la derecha hicieran lo mismo con Favero. Pero al no hacerlo y defender a uno y condenar al otro demuestra que en el Paraguay, como diría el filósofo Yoyito, cada uno defiende a su chancho en relación de pertenencia o no a su chiquero. Cuando los de la izquierda y los de la derecha condenen en tiempo y en forma a los suyos cuando se equivocan y transgreden normas, usos y costumbres, estaremos ante una nueva manera de entender la política. Ahí nos daremos cuenta de que ella ha ganado una dimensión ética que la vuelve un instrumento válido en la resolución de los conflictos y en la elevación de la dignidad humana.

Mientras tanto solo nos queda demostrar la incoherencia, la deshonestidad política y la pérdida de tiempo que se da cuando los chanchos de uno son limpios, y los ajenos huelen mal y deben ser condenados al matadero cívico. Lo peor es que con estas conductas el chiquero sigue tan abierto y solidario con los peores y más repugnantes cerdos de la política criolla.

 

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