Cabos sueltos
En sintonía
Como usted se habrá enterado, el gobierno de Fernando Lugo, de la mano de su ministro de Educación, Víctor Ríos, pone de moda la escuela carpa. Son aulas itinerantes, o mejor sería precisar que son aulas que acompañarán a los carperos de Ñacunday en su peregrinar por las propiedades, que hasta ahora son ajenas. Según dicen, esta migración constante evitará el estrés del desalojo.
Coincidirá usted en que está muy bien que el Estado cumpla con su deber constitucional de llevar la educación a todos los niños del país. Pero también se preguntará por qué los carperos que tienen vehículos de gran porte para trasladarse no pueden usar esos mismos vehículos para llevar a sus hijos, nietos, sobrinos y vecinos a la escuela más cercana. No nos quejemos después si más padres exigen aulas itinerantes en sus barrios, porque no quieren gastar combustible para llevar a sus pequeños al colegio. Digo, de la ley pareja nadie se queja.
Siguiendo el paseo por Ñacunday, hoy lugar obligado para el turismo periodístico de alto riesgo (el millar de hombres blandiendo machetes y palos produce mucha adrenalina... y terror), encontramos otro cabo suelto que no deja de sorprender: El Gobierno paró los trabajos de delimitación de la franja fronteriza (o mensura kañy, en el idioma vernáculo), para poner paños fríos sobre la conflictiva situación creada por la ocupación de los carperos y la reacción de los propietarios de las tierras. Obviamente, es una medida que debería recibir aunque sea un aplauso.
Sin embargo, el mismo Gobierno, unas semanas más tarde, a través del Indert, impulsó la mensura de otras tierras, en el vecino departamento de Itapúa. Uno se pregunta: El gobierno de Lugo, ¿quiere o no quiere que funcione el paño?
Otra postal lamentable de este "recorrido turístico ñacundayense" es la declaración de Tranquilo Favero (que últimamente luce más bien intranquilo), quien declaró a un medio brasilero que a los campesinos hay que tratarlos como a mulher de malandro, o sea a palos. Evidentemente este señor quiso enfriar los paños con combustible altamente inflamable. Y mostró su hilacha de fanático de Michel Teló (y de Alfredo Stroessner), por aquello del ai si eu te pego...
Inmediatamente el ministro del Interior, Carlos Filizzola, calificó a Favero de fascista. Y nos quedamos con las ganas de saber si calificó a Victoriano López de proxeneta, cuando este temible personaje dijo que las mujeres carperas se prostituían para pagarle a él los gastos de traslado para el chantaje, presión o amedrentamiento, como muchos llaman a sus gestiones. Finalmente, Favero se vio obligado a disculparse.
Dígame si el manejo de la situación que se vive en Ñacunday no es para ser inscripta en el libro Guiness de la farsa, la incoherencia, la torpeza, la prepotencia, la burla y la injusticia. Solo así se entiende que el Gobierno esté abordando un problema tan complejo, como si fuera un partido de fútbol con árbitro vendido.
Hace rato el Gobierno tuvo que haber tomado el toro por las astas. Hace rato tuvo que haber censado y ubicado a los carperos fuera de la zona de conflicto, aunque sea temporalmente, y hace rato tuvo que haber empezado -de manera transparente- a dibujar un plan para darle una solución de fondo a este enfrentamiento, ya que hasta ahora no ha sabido darle una solución al problema de la tierra. ¿O está esperando que surja un mártir? ¿O es que no hay Estado?
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