¿Hasta cuándo vamos a culpar a la dictadura?
Al otro lado del silencio
A 23 años de la caída de la dictadura del general Alfredo Stroessner, resultó un saludable ejercicio para la memoria ciudadana encontrarnos con una serie de actos cívicos y políticos, programas de radio y televisión, notas y entrevistas en los medios gráficos y digitales, que insistieron en mostrar la cara más oscura de aquellos años de plomo.
Particularmente emotivas resultaron algunas emisiones de la Televisión Pública, que a través de muy buenos cortos documentales y de ficción recrearon la historia de esos 35 años de opresión.
Lo más significativo fue el estreno televisivo de Viento Sur, la última película de la cineasta paraguaya Paz Encina, quien en la misma línea de su laureada Hamaca Paraguaya, supo plasmar en imágenes y sensaciones toda la angustia existencial de dos luchadores perseguidos por el régimen, aguardando a orillas de un río el momento de cruzar clandestinamente la frontera, reflejando -más que el miedo a la represión-, el temor a la distancia de los afectos, al exilio, a la soledad y al olvido.
Lo llamativo es que, en los diversos debates y en las entrevistas realizadas, tanto las víctimas del stronismo, así como los analistas y dirigentes sociales y políticos, han estado insistiendo en una idea recurrente: todos los problemas que hoy padecemos son "por culpa de la dictadura".
Si los carperos y los sojeros están a punto de enfrentarse en Ñacunday, es "culpa de las tierras malhabidas en épocas de la dictadura". Si la educación paraguaya es una de las más deficientes en toda América del Sur, "es culpa del sistema educativo represivo que dejó la dictadura". Si el índice de pobreza en Paraguay es uno de los más altos del continente, y mucha gente no tiene trabajo, ni acceso a la vivienda, a la salud, a una vida más digna, "es culpa del atraso y el subdesarrollo en que nos dejó la dictadura". Si la prensa revela a cada tanto nuevos negociados en círculos gubernamentales, "es culpa de la cultura de la corrupción que nos dejó la dictadura...".
El argumento sonaba muy bien en los primeros años de la transición.
Pero... ¡ya han pasado 23 años! ¿No es acaso tiempo suficiente para que hayamos podido recuperar las tierras malhabidas, mejorar la educación, disminuir la pobreza, contener la corrupción...? ¿Hasta cuándo seguiremos culpando al viejo y difunto tiranosaurio también de las cosas que prometimos, y no pudimos -o no quisimos- hacer, en estas más de dos décadas?
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Periodista y escritor. Unidad de Investigación y Reportajes ÚH.
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