Amojonando la mesura

Publicado por: Benjamín Fernández Bogado | Domingo 29 Enero 2012 | 12:01Hs.

Sin vuelta de hoja

La condición humana es propensa a los extremos y a los excesos no solo para juzgar, sino también en sociedades como las nuestras: a actuar. En estos ambientes, la mesura es considerada una debilidad cuando debiera ser lo opuesto: una fortaleza en la que se respaldan las instituciones democráticas para responder en tiempos de crisis. La tierra es un problema anacrónico en el país. Con una de las densidades poblaciones más bajas de América Latina, Paraguay tiene una de las peores formas de organización y distribución de ella al punto que el propio presidente de la República reconoce que el país de los 406.752 kilómetros cuadrados en el texto de geografía sin embargo registra más de 500.000 kilómetros cuadrados en propiedades registradas en los archivos organizados del Estado. Solo esto es suficiente para demostrar el grado de anarquía con que se maneja el debate sobre la tierra.

Si aplicáramos formas sencillas de racionalidad, todos deberíamos impulsar un catastro nacional en serio y con tiempo de inicio y final. Conozco el argumento en contrario, que ya se gastaron millones en proyectos anteriores, que se comió el dinero, etc., pero nadie en su sano juicio puede evitar invertir unos 30 millones de dólares para dejar un catastro donde no haga falta que militares acompañen a carperos para amojonar propiedades sobre las que no se sabe si son o no fiscales. Hoy, con la tecnología disponible, es fácil la realización de un catastro donde aparecerán los 406.752 kilómetros cuadrados con sus propiedades claramente amojonadas y mensuradas. Favero no interpretará como suyo aquello que no lo es, ni tampoco los colonos brasileños ni alemanes tendrán que argumentar frente a un líder social como López, quien no tiene el menor pudor en afirmar que "viaja y se sostiene gracias a la prostitución de las mujeres de los carperos". Esto dicho por cualquiera hubiera levantado la indignación de Gloria Rubin y Lilian Soto; sin embargo, no obtuvo más que la hilaridad de unos cuantos y el asombro de muchos. Ninguna mujer de los carperos tampoco desautorizó a su líder ante tamaña acusación. Si no recuperamos la racionalidad, el debate sobre la tierra se perderá en estas cosas intrascendentes o anecdóticas. Es preciso ser serio en la administración de una República porque, de lo contrario, las interpretaciones pueden ir desde la inminencia de una guerra civil hasta una posible invasión brasileña en defensa de sus colonos. Cuando la mesura da paso a la irracionalidad, nadie está a salvo incluido el irracional.

La solución es organizar lo desorganizado, acabar con el caos de las propiedades de "tres o cuatro pisos", legalizar lo legalizable y acabar con este espacio amplio de irregularidades que lo único que consigue es crispar los nervios al punto de dejar las cosas como están, profundizando el desorden y el caos reinante sobre el valor más importante después de la vida: la propiedad de los bienes.

Este Gobierno aún puede hacer un aporte para el país: el catastro, no puede esperar. Itaipú quiere que le ayuden a gastar más de 600 millones de dólares, organizar la propiedad no alcanza ni el 10 % de ese valor, y su impacto será grandioso para un país que se empeña en amojonar la mensura para liberar sus peores falencias y miedos.

 

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