¿La caída de Galaverna?
Análisis político
Email: estelaruizdiaz@uhora.com.py
Juan Carlos Galaverna está distanciado del cartismo. O mejor dicho, lo distanciaron. Él mismo admitió que "lo están empujando", pero que está resistiendo porque cree en el liderazgo y la victoria del empresario Horacio Cartes.
La "historia de amor" entre el político y el empresario empezó a resquebrajarse a finales del año pasado, pero está teniendo su cenit en estos días, en que la guerra ha tomado estado público.
El cartismo es un movimiento que ha surgido básicamente de una reunión de amigos y luego de la suma de movimientos o liderazgos individuales. Lo que puede ser una fortaleza o una debilidad para el empresario, que decidió marcar su territorio y demostrar que tiene las riendas del sector.
A la luz de los acontecimientos, se puede decir que los activos de Galaverna tienen un rápido descenso en Honor Colorado, pero, conociendo su capacidad política, es temprano vaticinar si es el inicio del fin. Su liderazgo en las sombras, pero a la vez de primera plana, le jugó una mala pasada.
LOS PRIMEROS SÍNTOMAS. Galaverna fue uno de los hombres claves del ingreso de Cartes a la política. Lo convenció cuando la ANR estaba en la llanura y necesitaba desesperadamente de un espónsor. Cartes suplió al Estado patrimonialista del que los colorados se nutrieron durante 60 años. Con escaso costo político, pero alto costo económico, se posicionó en la ANR, a la que llegó como un tsunami y cooptó en poco tiempo. La victoria de los intendentes en el 2010, considerada un retorno triunfal de la ANR, se le atribuye a él. Ganó la presidencia de la ANR teniendo como ficha a Lilian Samaniego. El locuaz senador ypacaraiense se jactaba de sentarse a la derecha de Cartes. El empresario le dio un sitial privilegiado a su lado. Eran como hermanos gemelos, pero como Galaverna tiene dos décadas de nadar en la política, de jugar a Maquiavelo en todos los gobiernos colorados y salir airoso de todos, superaba a su líder en ese terreno. Allí empezó a pisar campo minado. Su soberbia y su vanidad le nublaron la vista.
LOS HECHOS. Al interior de Honor Colorado saltaron los enojos por la actitud monopolizadora de Galaverna. Los gobernadores, encabezados por Juan Afara, empezaron a reclamar. Lilian Samaniego, empujada por el rechazo de Galaverna, armó campamento propio y empezó a amagar con una candidatura independiente. Ingresó Nicanor Duarte Frutos, quien le robaba protagonismo. En su calidad de expresidente aconsejaba a Cartes a no repetir los errores que cometió y le citó dos puntos claves: su estéril pelea con la prensa y haber degradado la figura de la candidata presidencial Blanca Ovelar a una marioneta. Un consejo con olor a crítica a la actitud del ypacaraiense.
LOS ERRORES. Al interior del cartismo hay claramente dos sectores. Uno que cree (no sabemos si están convencidos) que la vieja ANR debe diluirse y mostrar una nueva cara para convencer y volver en el 2013. Eso significa desde nuevos dirigentes al lado de Cartes, hasta lineamientos políticos y económicos más modernos. El otro grupo, los dinosaurios, que hay muchos en el cartismo, sostienen que hay que mantener la vieja política prebendaria y clientelar. Galaverna se anota en el segundo equipo.
En el plano del mensaje mediático y político, en cuanto a la imagen, Galaverna pisó una mina. Cuando atacó a Aldo Zuccolillo (director propietario del diario ABC) y a Antonio J. Vierci (accionista del diario Última Hora), se prendieron las luces amarillas en Cartes. Sus asesores le alertaron que no es conveniente pelearse con la prensa, y menos aún un año antes de las elecciones. Por ello, el empresario salió públicamente a aclarar que esa era una guerra personal del senador y que sus pleitos no son los suyos. Otros puntos en los que Cartes se desmarcó de su mentor fueron el juicio político a Lugo y por último, y quizá la diferencia más humillante, la presidencia de la convención, en la que ayer Galaverna intentó vanamente competir el liderazgo del empresario.
GALAVERNA Y YO. El ataque del senador a quien escribe este comentario es totalmente anecdótico. Cuando atacó a Vierci y a Zuccolillo, mencionó una supuesta campaña de ÚH para romper la simbiosis Cartes/Galaverna, mencionando estos análisis dominicales como parte del operativo. Le molestó que dijera que Cartes era "Galaverna-dependiente". Una realidad que venían analizando los miembros del grupo político-empresarial-intelectual que rodea al empresario y que empezaron a mostrarle a Cartes lo pernicioso que podría ser para su candidatura estar demasiado pegado a Galaverna. Situación que en estas columnas se venía mencionando desde el año pasado. Cuando Cartes le aclaró que no le meta en su guerra personal con los medios, Galaverna bajó el tono, ya no mencionó a los tiburones de los medios y concentró su ataque en una periodista sin ningún tipo de poder. Intentó un ataque más infantil señalando que es Nicanor quien escribe los artículos. Sin dudas, Galaverna está perdiendo la brújula, porque antes sus enemigos eran más grandes: directores de medios, la Iglesia, Lino Oviedo, etcétera.
LO QUE SE VIENE. Hay algunos que sostienen que la guerra entre ambos no es sino un montaje. Es la hipótesis más lejana. Quien sigue la trayectoria de Galaverna, sabe que él no tranca públicamente con su líder (a no ser que esté por abandonarlo). Mantiene guerra de guerrillas, discusiones entre cuatro paredes, lanza mensajes subliminales, pero casi nunca una confrontación dura y directa.
Cartes necesita mostrarles a los colorados que sabe mandar, el atributo que más aprecian sus correligionarios en un líder. Y ayer, en la convención, dio muestras de ello. Obligó al senador a un enfrentamiento público. Galaverna, pillo como es, intentó primero evitar una votación pública de su candidatura, planteando una presidencia de consenso. Así evitaba mostrar sus escuálidos votos. Pero Cartes lo arrastró a la votación y su candidato, Éver Rivas, arrasó en votos. Lo que se trató allí es mero trámite: Tribunal Electoral y Tribunal de Conducta.
A un año exactamente de aquella convención en la que Galaverna era la estrella principal, capitaneando con soberbia el proyecto cartista, haciendo trizas la trayectoria partidaria al modificar el estatuto y reducir la militancia para convertir a Cartes en candidato, Galaverna ayer era una caricatura, relegada al plano de la humillación pública.
¿Será su final? Es difícil vaticinarlo. Siempre supo mantenerse a flote en las turbias aguas del poder.
Pero sobre todo en Cartes está la decisión. Si podrá sobrellevar solo, y con ese mosaico de dirigentes que lo apoyan, la intrigante ruta hacia la chapa colorada y luego la presidencia de la República, o, agobiado por las sangrientas disputas, pedirá el retorno de su mentor.
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