Con Alicia en el País de las Maravillas
Ya asoman las vacaciones
Todo el mundo habla hoy en educación de la necesidad de la experiencia como camino de aprendizaje. Lo que aprendemos de verdad es lo que vivimos como experiencia. Bien, ahora que se acercan las vacaciones, muchos padres y docentes entienden este consejo pedagógico como la necesidad de llenar a los niños de actividades: el inglés, la gimnasia, el cine, los conciertos, el fútbol, la danza, etcétera.
A ese ritmo que llevan muchos chicos es notable que no entren en cuadros de estrés o histeria. Y los papás que debemos inventar el dinero cada mes para cubrir sus necesidades básicas de alimentación, educación, salud, nos recargamos también de estrés en sus vacaciones para solventar las cuotas de clubes e institutos -ni qué decir con los espacios recreativos- para que los niños tengan "experiencias", que quizás nosotros no tuvimos de niños.
Lo que pasa es que esta experiencia requiere, de parte de quien la vive, un juicio, una apertura de su conciencia que sea capaz de captar lo esencial de lo que se vive y que le sea provechoso para la vida.
¿Cuántos juicios de valor están en condiciones de hacer nuestros niños acerca de lo que viven en el cine, en la pileta, en la cancha con los amigos? ¿No sería bueno considerar esto antes de iniciar la seguidilla de actividades?
Claro, el objetivo es noble: ayudar a crecer a nuestros hijos. Pero las herramientas que les damos necesitan instrucciones y gente concreta que les ayude a usarlas.
De lo contrario pueden resultar hasta peligrosas.
Esto se nota con mirar alrededor y ver, por ejemplo, a tantos niños patoteando en el cine o navegando horas en internet sin ningún control de sus padres. Aquí viene el tercer punto que señalan los expertos: el de las relaciones. Es que para que las experiencias sean educativas, siempre debe haber de por medio relaciones personales. En toda educación (también en vacaciones) nuestros hijos necesitan de nuestra presencia. Hace falta establecer vínculos entre personas de carne y hueso para que haya verdadero crecimiento. Y esto también se puede hacer jugando cartas en casa o paseando en bici. ¿Lo ha pensado?
Si usted, además, es uno de los héroes que enfrentan la adolescencia de sus hijos, quizás le consuele saber que sí es posible involucrarlos en actividades provechosas. Es lo que me tocó vivir, justamente, en estos días, cuando mis hijas participaban de la puesta en escena de la obra Alicia en el País de las Maravillas, junto con unos 40 niños de diferentes edades, en la mayor armonía (¡cosa casi imposible incluso en grupos más pequeños!). Es impresionante cómo la seriedad y la pasión que ponen los profesores (en este caso voluntarios de la parroquia San Rafael, de Asunción) son capaces de abrir sus conciencias e involucrarlos.
Junto con ellos daría gusto gritar al final del espectáculo y de las vacaciones que con apertura y humanidad sincera: "¡Sí se puede!".
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