Giucich y los cupos de poder
En perspectiva
La sorpresiva renuncia del abogado Jorge Giucich a la presidencia del Instituto de Previsión Social (IPS) desvela el manejo improvisado, prebendario y destructivo que este Gobierno -así como los anteriores- aplica en esta institución, cuya existencia, al igual que su eficiente funcionamiento, resultan vitales para gran parte de la población.
Según expresiones del integrante del Partido País Solidario -que fuera uno de los requisitos para acceder al cargo, pues, la previsional es el "cupo político" de esa nucleación- su renuncia se debió a las presiones provenientes del entorno presidencial y por la decisión del mismo Fernando Lugo de reemplazar al ingeniero Bruno Martínez, director de Aporte Obrero Patronal del IPS, por el ex sacerdote Walter Rojas.
Este, desde que el ex obispo llegó al poder en el 2008, pudo acceder a importantes cargos con millonarios salarios, tanto como secretario del mandatario, como en Itaipú y la SAS, gracias a un mérito principal: ser amigo del presidente de la República.
En otras palabras, resulta claro que con esta situación no solo se demuestra que siendo amigo del presidente uno ya está capacitado para desempeñarse eficientemente en cualquier institución, ocupando cargos de relevancia, sino algo más preocupante aún, una actitud de fondo más difícil de cambiar: para Lugo y su entorno, el IPS -y seguramente también otras entidades a cargo del Estado- sigue siendo un botín de guerra, un espacio para "los amigos", una rica torta disponible para repartir sin criterios serios de calidad profesional, responsabilidad ética, o incluso de respeto al pueblo que representa y le votó.
Aquí no solo están en juego los millones de guaraníes de los aportantes o el futuro de las jubilaciones. Aquí está en juego la salud y la vida de miles de paraguayos que requieren una adecuada atención médica; obreros y empleados que, en muchos casos, si tuvieran la opción solo recurrirían a los servicios privados de medicina prepaga.
Ayer, mientras el presidente y sus asesores discutían a quién darle el cargo, una compañera del diario, con fuertes dolores, tuvo que esperar más de una hora y media para ser atendida en Urgencias. Junto a ella, una mujer en silla de ruedas, con suero y a punto de desvanecer, estuvo como 40 minutos aguardando ingresar al consultorio.
El IPS no se puede manejar de esta forma, no es justo, moral ni digno para ningún habitante de este país. El Paraguay no es la estancia ni la chacra de nadie, ni siquiera de la autoridad elegida por el pueblo.
Si queremos crecer como nación es más que necesario superar estos manejos prebendarios; urge entender que esta institución requiere de una política de Estado seria y a largo plazo. Los manejos inmorales de las autoridades no afectan estadísticas, dañan a gente con alguna dolencia, personas concretas que se merecen todo el respeto del mundo, como aportantes, como paraguayos, como seres humanos.
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