LA DISCRIMINACIÓN Y EL PELIGRO DE LA CONFUSIÓN
En perspectiva
"Aquí no se discrimina..." se denomina la campaña lanzada por la Secretaría de la Mujer y Aireana, grupo por los derechos de las lesbianas. La campaña prevé jornadas de sensibilización sobre orientación sexual e identidad de género para funcionarios públicos.
Una iniciativa interesante, siempre y cuando se explique con claridad y sin eufemismos el valor y significado de la discriminación, pues es necesario reconocer que en este campo se ha caído en imposiciones irracionales y autoritarias en varios países. Un tema tan complejo requiere de una explicación profunda, integral -con todos los elementos y posibilidades que implica el término-, buscando ir más allá del sentido superficial y que solo lleva a los famosos clichés o frases hechas.
Hay que llegar a la raíz de la cuestión y entender que el simple hecho de no aceptar la acción o forma de vida de una persona -o la promoción de sus ideas- no significa una discriminación. Quien elige no discrimina. Simplemente elige.
Hay discriminación si se hace distinción donde hay igualdad, y sobre todo si esa diferenciación es injusta. Es decir, no hay discriminación si se distingue lo que realmente es distinto y tampoco la hay si no se falta a la justicia. Entonces, se deben hacer equilibrios tratando igual lo igual, y diferente lo diferente.
Por ejemplo, un hombre sin conocimientos de matemáticas no debe ser catedrático de esta asignatura, pero esto no afecta a su dignidad como persona ni se trata de una discriminación. Igualmente, un docente con una enfermedad infectocontagiosa no podría enseñar en un aula con niños o adultos mayores. Y eso no sería una discriminación, sino una consideración a la realidad, una cuestión de uso de razón o sentido común.
Un embrión humano es distinto a un niño y a un adulto, pero son personas humanas con todo lo que esto significa. Hay diferencias en deberes y capacidades, pero no debe haber discriminación en cuanto a su naturaleza y dignidad. Un enfermo es diferente a un hombre sano, y tendrá distinciones laborales, pues realmente cambia su capacidad de trabajo. Pero no son distintos en cuanto personas; entonces, si no reciben un trato humano estamos ante una discriminación.
Y en el caso de las lesbianas, la cuestión se podría ingresar en un campo más delicado. Por ejemplo, no permitir la adopción de niños a los homosexuales no supone ninguna forma de discriminación. Pues así como lo señala un documento de la Conferencia Episcopal del Uruguay, "si no conformo una relación natural de hombre y mujer no puedo pretender engendrar, educar y formar a un hijo. Y esto no es discriminación, pues no se trata desigual a los iguales sino que se marcan diferencias entre desiguales. Nadie puede ser injustamente discriminado, pero sí diferenciado en atención a su situación real". Y agrega que en este caso hay plena justificación para denegar la función de padres "a quienes naturalmente lo han desestimado por su opción y estilo de vida".
El primer factor para no discriminar es el respeto de las libertades y los derechos fundamentales de la persona. Todo ser humano es valioso por su naturaleza, por la dignidad que tiene, sea pequeño -como un embrión- o un anciano enfermo.
Esperemos que quienes trabajan por las campañas y leyes por la no discriminación busquen realmente ser honestos, sin confundir, sin violentar las creencias, la educación y cultura de cada ciudadano. Se trata de un tema con muchas aristas, que sin un tratamiento claro y equilibrado solo terminará siendo un factor de confusión y retroceso en nuestra sociedad.
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